Los perros (1): Secretos de familia

En su segunda ficción argumental, Marcela Said vuelve sobre tópicos que había abordado en El verano de los peces voladores (2013) y que de algún modo ya se encontraban presentes en su obra documental previa, esto es: el mundo conservador chileno y la impunidad en un Chile que clama por justicia social y memoria histórica. Haciendo un poco más de foco, Said repite en Los perros la fábula del desencanto familiar que, desde el punto de vista de una hija, hunde raíces en la sospecha de un “secreto sucio” que se esconde entre cuatro paredes.

Lo que era aplicable en El verano de los peces voladores al conflicto forestal y el reclamo de tierras del pueblo mapuche, pasa aquí a los crímenes de dictadura y el rol de militares y empresarios en la desaparición forzada de personas. Es aquí que Said pone foco en dos personajes en los cuales su personaje central (Mariana, interpretada por Antonia Zegers) se espejea: el coronel (Alfredo Castro) y su padre (Alejandro Sieveking), ambos desentrañados en su complicidad con la dictadura, frente a lo cual ella deberá situarse éticamente. Con ambos Mariana tiene relaciones complejas: por un lado, una suerte de atracción hacia el personaje de Castro mientras realiza clases de equitación; mientras que con su padre, una constante tensión entre su autoridad familiar y empresarial, así como su vínculo afectivo a modo de "hija regalona". El itinerario que marca Said de ambos personajes no deja de ser interesante: mientras el primero corre con cuentas pendientes en términos judiciales (aunque no queda claro su grado de responsabilidad), el segundo tiene una clara responsabilidad de la cual sale impune e incluso ganando en una querella a un medio periodístico. La tesis que es posible extender aquí es compleja, pero podríamos decir que se sintetiza en la idea de una dictadura cívico-militar donde, a ojos de la directora, quienes habrían pagado en causas judiciales habrían sido los segundos y no los  cómplices cívicos. En ese dibujo, Said compone al personaje del coronel en una extraña y culposa dignidad mientras el empresario se resuelve orgullosamente impune.

Pero otra capa se suma a este filme, quizás con más presencia que en El verano de los peces voladoresme refiero a la marca de género que Mariana carga en esta triangulación de relaciones. En este modelo habría que añadir a su esposo, interpretado por Rafael Spregelburd, quien de algún modo exige a Mariana cumplir su rol como esposa y progenitora. Aquí, quizás, lo más interesante son los matices perversos de Mariana, quien desde su posición utiliza recursos sexuales y de clase para poder alcanzar sus objetivos y moverse en un mundo donde, en un principio, todos tienen algo que ocultar. Como un ser anfibio Mariana se mueve entre mundos que van de lo masculino a lo femenino, de la clase alta al mundo underground, del mundo humano al animal. A ella se le otorga un rol fundamental en que las dimensiones más concretas y duras de su lugar de clase pueden ser puestas entre paréntesis, así la película consigue observarla desde una equidistancia, o al menos desde cierta ironía. Al igual que en El verano de los peces voladores debemos ser honestos en entender que no se juega en Los perros ningún tipo de “denuncia”, sino más bien el retrato de un mundo obscuro de relaciones sociales que Mariana no termina por descifrar ni comprender o confrontar, pero sí, en cambio, sabe utilizar a su favor o hacer frente con los recursos que tiene a mano. El mundo descrito por Said es obscuro e individualista, siendo pocos los espacios de encuentro y cumpliendo aquí la relación con el coronel un lugar importante.

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La narrativa de Said sigue las derivas de Mariana la que cuesta comprender a ratos en todas sus razones. Su guión, con claridad en su universo dramático, aqueja de ciertos subrayados o diálogos un tanto obvios, aunque las actuaciones logran enriquecerlos con contrapuntos y matices. Resulta curiosa la poca confianza depositada a la imagen como elemento narrativo y es como si todo debiese, de algún u otro modo, ser dicho y subrayado (ejemplo: la insistencia en "denotar" la quema de la nota final o los diálogos padre/hija que reiteran la situación de conflicto entre ambos), incluyendo su "metáfora canina", a partir de la cita pictórica de Lorca. Lo que no logra armarse es aquello que podríamos llamar una segunda película atrás de lo evidente, algo que va un poco más allá de los significados implícitos en los conflictos de los personajes y que lleve a la película a zonas de mayor incertidumbre. Aunque los recursos alegóricos están -los animales, citas pictóricas y visuales-, podría aventurarse que aquella “promesa” implícita en el guión no termina por estallar o dejar de estar en la trastienda. Es ahí cuando los “tonos graves” y ampulosos de Castro empiezan a hacer mella o cuando algunas de las decisiones a “contrapelo” y algo arbitrarias de la actuación de Zegers no terminan por explicarse. Porque, como en El verano de los peces o en el documental El mocito (2010), estos elementos son la excusa para el enamoramiento de un tono narrativo -subrayado por la música o un ritmo de montaje- que no obedece a un un fin, sino a una elección previa de de ese tono, perdiendo a ratos el objeto, las razones o los fundamentos de la acción. Y es como si, finalmente, el develamiento del “secreto” como motor, no alcanzase para vincular la escena dramática con la escena social, siempre en la trastienda (como en El verano...), dejando para  sus mejores momentos el retrato "naturalista" de la ruina de una clase social.

Con todo, se trata del filme más “decantado” de Said a la fecha, en el recorrido de una realizadora que en términos de una decisión de autor ha decidido siempre dar vuelta la cámara y filmar a las clases sociales que están en el poder, a los discursos que conducen políticamente al país en una perspectiva conservadora y autoritaria. Esa búsqueda "novelesca" es algo que podremos también evaluar más con la distancia y la lectura posterior de esta época en que nos tocó vivir.

Nota comentarista: 6/10

Título original: Los perros. Dirección: Marcela Said. Casa productora: Cinema Defacto, Jirafa films. Guión: Marcela Said. Fotografía: George Lechaptois. Montaje: Jean de Certeau. Música: Grégoire Auger. Dirección de arte: Pascual Mena, María Eugenia Hederra. Reparto: Antonia Zegers, Alfredo Castro, Rafael Spregelburd, Alejandro Sieveking, Elvis Fuentes. País: Chile. Año: 2017. Duración: 94 min.