¿Dónde estás, Bernadette?: La urgencia de la sublimación

Incluso la música de la película parece sumamente inocente y limpia, una mezcla de cuerdas y piano que parecen sacadas directamente del videojuego Los Sims. El estilo y temáticas que han ocupado a Linklater en su carrera no aparecen en la película, que parece más bien hecha por encargo y con el objetivo de replicar el éxito de ventas de la novela que le da origen.

El estadounidense Richard Linklater tiene una amplia y sumamente respetable carrera cinematográfica donde ha abordado distintos géneros y formatos, por lo que cada película nueva puede suponer una sorpresa en estilo y contenido. Su última película se titula Where’d You Go, Bernadette, traducida -quizás erróneamente- como ¿Dónde estás, Bernadette?, cuando debiera ser algo como “¿Dónde fuiste, Bernadette?”. La diferencia parece un detalle, pero la estructura de la película -y de la novela bestseller en la que está basada- es retrospectiva, narra desde el presente lo que ocurrió en el pasado, lo que sería coherente con el tiempo en el que está empleada la frase del título original, no así el que tiene actualmente en nuestras salas. 

La que narra es Bee, hija de Bernadette, quien ha sido recientemente aceptada en uno de los mejores internados y reclama por ello un premio, un viaje familiar a la Antártida junto a su madre y padre, al que ellos acceden. Pero a Bernadette el inminente viaje le angustia, porque si bien desea ver a su hija contenta, el solo hecho de pensar en salir de su casa en un barrio alto de Seattle ya le genera bastante ansiedad. 

Bernadette, interpretada por Cate Blanchett, una de las mejores actrices hollywoodenses que hay, sino la mejor, es un gran personaje al que no le queda grande tener una película propia. Es arquitecta, fue hace años la promesa de la arquitectura en Estados Unidos y la única mujer en recibir una prestigiosa beca, pero hoy está recluida en su casa y dedicada a la crianza de Bee, que tiene 15 años. El hecho de que Bee haya sido aceptada en el internado, sumado al viaje a la Antártida, remecen el estado de las cosas y su aparente equilibrio y Bernadette comienza a evidenciar síntomas de estar desestabilizada. 

Bernadette está casada con Elgie, el típico gringo exitoso dedicado a los negocios -en este caso tecnológicos- y a dar discursos en formato TedTalk. Bernadette se muda a Seattle desde Los Angeles por él y por la crianza de Bee. Sin embargo, esta ciudad no la estimula de ninguna forma, más bien la deprime desde su arquitectura a su gente. No se siente parte de allí y las vecinas del barrio así se lo hacen sentir. Bernadette entonces se aísla, se podría decir que padece agorafobia, no mantiene conversaciones con otras personas con excepción de su hija, no parece tener deseo sexual por su esposo -ni por alguien más- y no se encuentra trabajando, investigando o creando. 

Freud mediante, estamos ante un caso de estacamiento de la libido. Cuando la pulsión sexual y el deseo no pueden descargarse comienzan a acumularse y transformarse en manifestaciones o formaciones que pueden ser tanto intrapsíquicas como psicosomáticas, es decir, la frustración generalizada que tiene Bernadette se convierte en insomnio, mareos, jaquecas, pero también en una ansiedad y angustia constante respecto a lo que la rodea. Bernadette por lo tanto se aisla y forma síntomas en defensa de una realidad que no la satisface para nada. La película se encarga de evidenciar lo anterior. En una escena Bernadette está viendo un video-ensayo sobre sus obras arquitectónicas y parece bastante contenta hasta que aparece un personaje específico, un millonario excéntrico que compró una casa que ella construyó por años y la mandó a demoler. En otra escena se encuentra a un antiguo colaborador, al que le cuenta que tuvo cuatro pérdidas antes de que naciera Bee, y que la va a extrañar cuando se vaya al internado. El tipo le responde que ella es de la clase de personas que necesita crear o sino se vuelve un peligro para la sociedad, una frase en tono de broma que resume la tesis de la película. 

Bernadette comienza a hablar de todo con Manjula, una supuesta asistente virtual de la India que compra lo que ella desea y resuelve todas sus dudas. Luego nos enteraremos, en un giro que parece sacado de otra película, que Manjula es en verdad un medio que tienen los mafiosos rusos (siempre los rusos) para conocer los datos bancarios de los desprotegidos estadounidenses y robarles todo cuando no se den cuenta, en este caso durante el viaje a la Antártida. Nada de esto sucede gracias al FBI, por supuesto. Entre el FBI, Elgie y una psiquiatra hacen una especie de intervención para que Bernadette acceda a internarse para recuperarse de su estado de salud mental, lo que implicaría no ir al esperado viaje a la Antártida. Ante esta situación Bernadette se escapa y va por su cuenta a la Antártida, al parecer sin una razón evidente. 

Pero Bernadette, aunque parezca ciega a sí misma toda la primera hora de la película, ha estado tomando nota y, tal como le sucede al personaje de Salvador Mallo en Dolor y gloria, sabe que el momento en el que la represión se transforma en sublimación parece estar llegando y que hay que salir a buscarlo. Mientras tanto, Bee convence a Elgie de que en realidad Bernadette no necesita tratamiento psiquiátrico, sino que apoyo familiar absoluto en este momento de frustración y la van a buscar. El final feliz es obviamente predecible. 

Las decisiones de estilo que toma Linklater en esta película son estéticamente poco atractivas. La llegada a la Antártida se plasma en planos hechos con drones y time-lapses, la blancura apoteósica del continente es la misma que tiene el punto de vista de la película: estadounidenses blancos y ricos cuyos problemas son psicológicos y que no tienen consciencia alguna del lugar que ocupan en la sociedad, ya que la misma película se cierra a representar solo a estos sujetos. Incluso la música de la película parece sumamente inocente y limpia, una mezcla de cuerdas y piano que parecen sacadas directamente del videojuego Los Sims. El estilo y temáticas que han ocupado a Linklater en su carrera no aparecen en la película, que parece más bien hecha por encargo y con el objetivo de replicar el éxito de ventas de la novela que le da origen.

Lo más interesante de Bernadette es la importancia que le da a la sublimación como necesidad de la vida de la artista. En un contexto donde los debates por la salud mental se limitan muchas veces a perspectivas preventivas, orientadas a temáticas como la adicción y el suicidio, el hecho de poner el énfasis en este elemento es un acierto. En la película se evaden y luego desechan los diagnósticos psiquiátricos hechos a la rápida, se demuestra que están equivocados. Sin embargo, no se puede decir que esta es una película con una perspectiva proveniente de la antipsiquiatría, ya que esta última, al contrario de la película, pone mayor énfasis en los discursos y realidades estructurales. 

 

Nota comentarista: 6/10

Título original: Where’d You Go, Bernadette. Dirección: Richard Linklater. Guion: Holly Gent, Vincent Palmo Jr., Richard Linklater (Novela: Maria Semple). Fotografía: Shane F. Kelly. Música: Graham Reynolds, Sam Lipman. Reparto: Cate Blanchett, Kristen Wiig, Billy Crudup, Judy Greer, Laurence Fishburne, Troian Avery Bellisario, Jóhannes Haukur Jóhannesson, James Urbaniak, Zoe Chao, Claudia Doumit, Zachary Davis Brown. País: Estados Unidos. Año: 2019. Duración: 104 min.