El bar: Esa alcantarilla de nuestros días

Cuando hablamos de géneros cinematográficos, como espectadores ponemos nuestras expectativas al servicio no sólo de la trama argumental sino de todas las películas anteriores que hemos visto y empezamos a juzgar dentro de las mismas reglas que nos impone, entendiendo que el género consiste en una construcción histórica que va evolucionando con el tiempo. En ese sentido algunos espectadores serán más puristas con las reglas y lo juzgarán bajo esos parámetros, mientras que otros, en cambio, optarán por estimar y medir la película bajo el concepto de renovación y las variantes que puedan funcionar dentro de una evolución histórica, lo que lleva a su relectura bajo  claves contemporáneas, en la búsqueda de crear una metáfora potente sobre la actualidad. La última película de Álex de la Iglesia, El Bar, trabaja desde la conjunción de varios estilos, tratando de hacer algo diferente, enmarcado desde las mismas expectativas que generan los trabajos anteriores del director. Su última película tiene muchos elementos que son prácticamente su sello: humor negro, ironía, y género de “terror”… lo que nos pone en la situación de caer en la comparación con sus películas anteriores y el género elegido.

El Bar parte con la premisa de ocho personajes encerrados en un bar de un barrio céntrico de Madrid que tratan de salvar su vida a toda costa. Álex de la Iglesia pone en situación una conjunción de personajes “tipo”, algo así como Los 8 más odiados en versión urbana, lo cual funciona como muestra radiográfica de la sociedad: una chica guapa, un par de señoras desagradables, un tipo simpático, un par de perdedores, un hípster y, el elemento mas importante, un vagabundo que detona las peores acciones de los demás protagonistas. Acá subyace la idea de una situación claustrofóbica que podría ocurrir en cualquier lugar y que perfectamente podría ser una pequeña muestra de personas de cualquier ciudad del mundo. La cronología del relato de El bar pasa por varias fases: la incertidumbre de los personajes por la situación en que se encuentran y la posterior desconfianza frente a los demás. Con el ingrediente del absurdo y una situación extraña y extrema, desde que parte la narración la película busca su propio ritmo y lugar, aunque lo hace de una forma que se demora en entrar en orden con la presentación de personajes y el contexto en el cual los introduce. Esta sección tiende a extenderse en demasía, sin embargo, con inteligencia el director pasa a lo siguiente sin dar explicaciones, para enfocarse en la parte mas interesante de la película que es su resolución final.

El punto fundamental en de la Iglesia está en su estilo barroco, recargado en su máxima expresión, lo cual se expresa en cómo se resuelve el filme y los lugares donde los personajes terminan: la situación de encierro se puede volver aún más extrema en las cloacas de la ciudad, ese lugar que nadie visitaría en casi ninguna circunstancia. El director español acá maneja la situación de forma provocativa, porque si bien los personajes quedan atrapados en el bar en cuestión, parte del grupo es confinado en una bodega en un sótano, concentrando y proyectando el clímax de la película en cinco personajes que buscan la salida por una alcantarilla, hecho que termina siendo una metáfora de la actualidad. Es como si el director quisiera decir que los tiempos que corren son una mierda, pero siempre terminan siendo aún más mierda, esto casi literalmente.

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Pero los rodeos del guión en su primera parte hacen que la película demore en entrar en lo más interesante. Toda esa primera sección y su puesta en situación la hemos visto varias veces. Sobre personajes que terminan en un sótano demás está entrar en el mundo de George A. Romero, pero vale nombrarlo, al igual que Shaun of the Dead (Edgar Wright, 2004), donde los personajes no buscan una salida, todo lo contrario, son ellos los que se encierran en un bar. El pecado de El Bar es esa primera parte, que quizá no vale la pena tildarla de floja, aunque está casi en el límite, y para quienes no son fanáticos del director español puede ser algo redundante. Pero pese a ello, la resolución, al llevar al extremo a los personajes, es el punto a favor de la película, ya que termina construyendo un itinerario que se resuelve de gran forma, esto como si el propio de la Iglesia se hubiera puesto obstáculos a sí mismo para ir resolviéndolos en el mismo camino en que van apareciendo.

Si en un momento hablamos de géneros y las expectativas que generan, en la película estas se cumplen a medias, y el director termina moviéndose por los mismos márgenes y límites que impone el género, pero en ningún caso lo renueva, que es lo que finalmente terminamos juzgando. Profundizando y buscando esta metáfora de la que hablan las buenas películas de género, esas que logran conectar con su tiempo, El bar de alguna forma nos habla entre líneas de los días que estamos viviendo como sociedad; donde pareciera no importar lo que le pasa al vecino de al lado o al compañero de trabajo. Incluso, si podemos joderlo, mejor para nosotros. Son esas emociones en situaciones límites las que sacan lo peor de la humanidad y lo que busca el director español, de ahí que la película sirva para graficar el comportamiento de nuestros días, más aún utilizando el humor negro o la parodia, retratando al siglo XXI como una alcatarilla de la cual intentamos sobrevivir a toda costa. Lo que le podríamos criticar a de la Iglesia es que se mueve estrictamente bajo las reglas que se autoimpone y no se atreve a renovarlas, a crear algo distinto en base a lo conocido. El ejercicio sabemos que lo realiza como un buen alumno, pero no basta con ser aplicado. Lo que deja planteado qué es lo que el director puede ofrecer de nuevo en futuros trabajos o si, en cambio, seguirá homenajeando al incombustible género.

 

Nota comentarista: 6/10

Título original. El bar. Dirección: Álex de la Iglesia. Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría. Fotografía: Ángel Amorós. Reparto: Blanca Suárez, Mario Casas, Secun de la Rosa, Carmen Machi, Jaime Ordóñez, Terele Pávez, Joaquín Climent, Alejandro Awada, Jordi Aguilar, Diego Braguinsky, Mamen García. País: España. Año: 2017. Duración: 102 min.