El diablo es magnífico (1): Destrucción y género

El demonio se agita a mi lado sin cesar,

Nada alrededor de mí como un aire tenue,

Lo trago y siento que quema mi pulmón,

Llenándolo de un deseo eterno y culpable.

Charles Baudelaire, “La destrucción”. Las flores del mal.

De entrada, el título del filme dirigido por Nicolás Videla nos sumerge en el universo de la circulación y divulgación de mitos urbanos. El diablo es magnífico corresponde a la frase atribuida a la cantante Xuxa en la década de los noventa, la que supuestamente es posible identificar escuchando al revés una de sus canciones. Esta atmósfera demoníaca es el resultado de una deconstrucción -inversión fonética- de la pieza original, abriendo paso a una reinterpretación de la misma sin necesidad de añadir nuevos elementos.

Precisamente es la deconstrucción y desmitificación de cánones dominantes uno de los tópicos centrales del filme. Este narra la vida de Manuela Guevara, una chilena transgénero inmigrante que baila, ríe y sufre en las calles de París. Por medio de las vivencias y confesiones de Manuela, el largometraje toma distancia de la ciudad  concebida como la “capital del amor”, desmantelando a la vez la idealización de dicha urbe como un territorio culturalmente superior, ya sea en términos de integración migratoria como en tolerancia hacia la diversidad (o más bien disidencia) sexual.

El cuestionamiento de los criterios hegemónicos se realiza mediante el abandono de la estructura binaria de razonamiento humano. Manuela no tiene problemas en reconocerse como mujer, exigir ser tratada como señor en la farmacia, o en otras ocasiones referirse a sí misma como un varón con rasgos femeninos. El quiebre de esta forma binaria de operar se extrapola al mismo género del largometraje, produciendo un híbrido cinematográfico en el cual los elementos ficcionales y documentales resultan la mayoría de las veces indistinguibles. En este punto radica uno de los aspectos más interesantes de la cinta, donde partiendo de la base de que estamos frente a un cine abiertamente militante este evita funcionar bajo la lógica de denuncia panfletaria, articulando más bien un entramado de formas que permiten explorar nuevas sensaciones en vez de redundar en explicaciones al interior del mundo transgénero.

Manuela enfrenta la cotidianidad y los vaivenes emocionales asumiendo que la sensibilidad poética es la única respuesta que la puede mantener con vida. Ya sea mediante relatos escritos en su diario de vida o por medio de la danza en los exteriores de la ciudad, la protagonista responde gestualmente frente a la destrucción de su cuerpo y sentimientos. A pesar de las dificultades, los deseos de Manuela nunca dejan de buscar la expresión corporal y literal, dando cuenta de la fortaleza que reviste a la protagonista.

ElDiabloEsMagnifico2

No resulta trivial que los ideales cuestionados se repliquen con ciertas particularidades en nuestra realidad local. Basta asomarse al puente Ramalac en la comuna de Providencia para contemplar la emulación del puente de los candados como representación del amor eterno, o revisar algún diario para leer algún nuevo caso de violencia motivado por razones de género. En este sentido, la temática de la inmigración en Chile también ya fue tratada anteriormente por el director y Camila José Donoso en Naomi Campbel, en donde las ilusiones de una personaje inmigrante y aparentemente secundaria vienen a titular la película.

En El diablo es magnífico se vuelve a evitar el uso de un título directo e intuitivo, jugando con la imaginación y morbo del espectador, y dando cuenta que lo esencial posiblemente no se encuentre allí donde siempre hemos presupuesto que está.

Nota comentarista: 8/10

Título original: El diablo es magnífico. Dirección: Nicolás Videla. Guión: Nicolás Videla, Manu Guevara, Sebastián González. Fotografía: Sebastián Pose, Nicolás Videla. Montaje: Nicolás Videla. Música: Santiago Jara, Martín Bruce. Sonido: Sebastián González. Reparto: Manu Guevara, Daniel Larrieu, Vikctor Philip, Isabelle Ziental, Vincent Franchey. País: Chile. Año: 2016. Duración: 69 min.