El muro: Una loca geografía en un territorio accidentado

El Muro es la ópera prima de la joven actriz Paula Bravo, quien actúa, dirige y escribe este falso documental, que expone la construcción de una ficción en un territorio accidentado –Chile y su idiosincrasia– poniendo en juego la operación documental y sus formas de representación por medio de la sátira.

La realidad es un caos y la labor del cineasta es ordenarla, darle un entendimiento que no tiene”.

-Dziga Vertov

Con esta particular y premonitoria cita arranca la película, escuchamos la voz en off del protagonista-narrador, John L.O. Connell, joven documentalista canadiense, quien enuncia estamos observando el inicio de su documental. La operación que lleva a cabo Bravo es la del falseario, esto es, simular una realidad, en el caso que nos ocupa, una puesta en escena documental que parodia dispositivos éticos y estéticos del género.

 

Las “5 obstrucciones” de Malik

La película comienza con la cita a The five Obtructions (Lars von Trier, Jorgen Leth, 2004), documental que se construye desde una puesta en escena compleja. Von Trier invita a su maestro Jorgen Leth a participar de este proyecto, donde él pondrá una serie de obstrucciones. Leth pondrá a prueba su resistencia moral y Von Trier registrar esos límites.

En El Muro, Bravo cita el referente y cambia el dispositivo John, el discípulo, visita al maestro –Malik interpretado por Alejandro Sieveking– y recibirá de él cinco reglas a seguir para la realización de su documental:

UNO hacer una película de género, un sátira documental.

DOS filmar en un lugar extremo, un lugar pobre.

TRES  tomar distancia, elegir un hecho ocurrido hace un tiempo.

CUATRO no usar material de archivo.

CINCO un equipo reducido de no más de cinco personas.

Estos dogmas le darán al joven documentalista las herramientas para realizar su anhelada obra. John busca héroes y encuentra un extraño caso policial ocurrido en septiembre del 2010 en Chile. Seis personas, héroes anónimos imprimen sus manos sobre un monumento y mueren electrificados.

En esta primera parte, la película es bastante efervescente y satírica, todo esto apoyado por un trabajo gráfico muy estilizado que se complementa en un collage de imágenes, fotomontaje explicativo de la extraña geografía social de Chile, pasando por el conflicto mapuche hasta el proceso de independencia; todo ello expuesto desde la parodia de la visualidad de un documental educativo y sofisticado.

 Continuando el trayecto de John al llegar a Chile encontrará una seria de inconvenientes. El tercermundista país elegido tiene una idiosincrasia bien particular. El primer traspié es el robo de su computador con el guión de la película, a esto se suma la contratación de tres actores, encargados de encarnar a los seis héroes anónimos que han muerto electrificados, quienes formarán parte de los cinco miembros del equipo documental. Todos estos elementos arrastran cada vez más el colapso del cineasta frente a su obra.

 

Sátira en acción

En la puesta en escena de estos seis héroes anónimos, comienza el trabajo con los actores y sus diversas capas de representación y la dirección que asume Bravo frente a esta vorágine de personajes. Héctor Morales interpreta a un actor que a su vez representa a Claudio, un estudiante de actuación fracasado y artista por la sexualidad responsable; también a Inés, una mujer encargada de entregar los restos a familiares de detenidos desaparecidos durante la dictadura militar. Acá la cita es al documental, Fernando ha vuelto de Silvio Caiozzi( 1998).

Rafael Contreras deviene en un actor que a su vez es Arturo, trabajador social que intenta la adaptación de mujeres emigrantes, además de intentar seducirlas y también es Iván, surfista de clase acomodada, activista contra la casa de ballenas. Ambos personajes muy disímiles en su génesis, son interpretados con todas sus variantes.

Bravo, por su parte, interpreta camaleónicamente a cuatro personajes; un transexual dedicado a salvar animales callejeros, una terapeuta de shock y a la joven actriz activista del sexo con precaucion pareja de Claudio (Héctor Morales) y la actriz que representara estos tres personajes.

Es interesante la versatilidad de los actores para con sus personajes interpretados. A medida que avanza la película y vemos el desarrollo de los seis héroes anónimos, se hace evidente la sobre interpretación en la construcción de la caricatura representada, aunque se comprenda que es parte de la puesta en escena y, evidentemente, la propuesta de la película genera una saturación. Varios son los aciertos en la situaciones que se generan: provocan risa, también momentos en que se enfatiza demasiado lo actoral destruyendo lo cinematográfico –dando paso al gags–, lo que no favorece a la fabulación que se crea.

El Muro resulta un ejercicio interesante, una película de bajo presupuesto, arriesgada en su puesta en escena y una de las primeras en trabajar el falso documental y la sátira como elemento temático, además de parodiar descaradamente el género documental y la idiosincrasia del chileno medio y, por otro lado, a su propio medio de actores al enfrentarse a la puestas en escena de una película.