Viento salvaje: La naturaleza humana

En una reserva indígena de Wyoming una mujer escapa hacia la muerte. Horas después, un cazador busca las huellas de su presa. Los escenarios, con aparente inmovilidad, son testigos de ambos hechos. Sin embargo, en el paisaje que Taylor Sheridan nos propone en Viento salvaje corren aguas profundas, al igual que en sus protagonistas.  

Las historias de Taylor Sheridan ya llevan un tiempo apareciendo en nuestras salas de cine. Su debut en ese ámbito, con Sicario, dirigida por Denis Villeneuve, y una muy interesante en Nada que perder (Hell or High Water, David Mackenzie, 2016), estrenada a principios de este año, hablan de un narrador que conoce bien el tipo de historias que quiere mostrar. Su trabajo como guionista está comprobado, pero en Viento salvaje, su segunda película como director, el ascenso es un poco más complejo.

Sheridan nos traslada a la reserva indígena “Wind River”, en donde el encargado de control de animales Cory Lambert (Jeremy Renner) encuentra el cuerpo sin vida de una joven golpeada y violada. Sus primeras impresiones se basan en el profundo conocimiento que tiene sobre el lugar. Son territorios que explora diariamente, pero, además, carga con la muerte de su hija -en circunstancias no del todo resueltas- y con su pertenencia a la comunidad indígena a través de su exesposa y su hijo. Lambert conoce tanto el lugar como las interrelaciones que se dan en ese espacio.

Desde esta premisa, el camino nos llevará hasta la llegada de Jane Banner (Elizabeth Olsen), agente del FBI que busca investigar el caso. Sin embargo, los problemas para el desarrollo de este aparecen muy pronto, porque al parecer, en estas tierras lejanas, la justicia es una quimera conformada por la tradición, la discriminación y la burocracia. Desde esa ilusión, los hechos de la película se desarrollarán hasta obtener algo que tal vez se parece un poco a la venganza como única posibilidad de ecuanimidad.

Sheridan explora temas que ya se han presentado en otras de sus historias. La influencia del paisaje parece ser una condición para su desarrollo de personajes, algo que ya habíamos visto en Nada que perder, revisando desde ahí la conformación de sus arquetipos. Resulta fundamental el tratamiento que le otorga a Lambert, un personaje que permanentemente se mueve entre dos estados, perteneciendo a la comunidad indígena que lo acoge, pero que también se va revelando como una especie de outsider a raíz de sus sentimientos de culpa sobre el fallecimiento de su hija. No menos importante es la presencia de Jane Banner -quien va conociendo durante su trayecto la realidad del lugar y los peligros que este presenta- y la fragilidad que pueden presentar hombres, mujeres y niños en un lugar así. Ambos son personajes de western que nos recuerdan al arquetipo fordiano del héroe que, pese a su nobleza, arrastra una historia de la cual no puede deshacerse.

WIND RIVER2

En la relación de ellos dos con el paisaje es donde más podemos apreciar cómo éste influye en sus decisiones y en su forma de enfrentar la realidad; principalmente Lambert, quien al igual que el territorio en el que vive, se presenta como un personaje de difícil acceso, lleno de complejidades y que puede terminar con la vida de sus enemigos. Los culpables de la muerte de la joven son tan enemigos de la justicia que busca Lambert como de la tierra en la que habitan, y cada uno se cobrará venganza de alguna forma. Es una cacería, con todo lo que eso conlleva, y sólo sobrevive el más apto.

El western es un género por el que Sheridan se mueve sin problemas y usa todo su conocimiento y habilidades para utilizar los elementos más representativos de este. Resulta cómodo y a la vez sorprendente la forma en la que el director instala temas de gran contingencia -la violencia hacia la mujer, la discriminación hacia las etnias- en un género que al parecer jamás se ha ido, pero que sí ha ido renovándose con el tiempo. Buenos ejemplos de ello son las más recientes Logan (James Mangold, 2017) o la misma Nada que perder, película con la que Viento salvaje conversa permanentemente. Ahí se encuentra la nota de autor de Sheridan que, al parecer, ha decidido exponer los grandes horrores de la sociedad de occidente en esa clave.

Las dificultades que puede presentar este filme están dados por la falta de oficio de Sheridan, quien antes sólo había dirigido una pequeña cinta en 2011. Sin embargo, suple esas dificultades de ritmo y precisión con un convencimiento sobre cómo contar su historia y con una ética que no es fácil de encontrar en el cine en estos tiempos. Es de esperar que su autoría siga rindiendo los frutos que, apostamos de seguro, irá cosechando más adelante.

 

Nota comentarista: 7/10

Título original: Wind River. Dirección y guión: Taylor Sheridan. Fotografía: Ben Richardson. Música: Nick Cave, Warren Ellis. Edición: Gary Roach. Reparto: Jeremy Renner, Elizabeth Olsen, Graham Greene, Kelsey Asbille, Julia Jones. País: Estados Unidos, Reino Unido, Canadá. Año: 2017. Duración: 107 min.