Anhell69: Ángeles queer en el infierno

Lo que sería un sencillo casting con jóvenes para hacer una película de ficción sobre el mundo queer expuesto a la violencia endémica de Medellín, se transformó en Anhell69 (2022), un valioso archivo que guardó para la posteridad la imagen ahora ausente de quien iba a ser su protagonista. El ejercicio fue el punto de partida de una creación transfronteriza entre una historia de espíritus libres que sienten atracción sexual por fantasmas en una ciudad distópica y un cine real de pérdida, desesperanza y falta de futuro de quienes tenían toda una vida por recorrer.

Lo que sería un sencillo casting con jóvenes amigos veinteañeros del director colombiano Theo Montoya en 2017, para hacer una película de ficción sobre el mundo queer expuesto a la violencia endémica de Medellín, se transformó en Anhell69 (2022) -cruce entre ángel e infierno en inglés-, un valioso archivo que guardó para la posteridad la imagen ahora ausente de quien iba a ser su protagonista. El ejercicio fue el punto de partida de una creación transfronteriza entre una historia de espíritus libres que sienten atracción sexual por fantasmas (espectrofilia) en una ciudad distópica y un cine real de pérdida, desesperanza y falta de futuro de quienes tenían toda una vida por recorrer.

Estudiante de diseño visual, Camilo Najar murió por sobredosis de heroína una semana  después de participar en la audición sin saber que había sido elegido como el protagonista de la película de Montoya, en cuyo casting aseguraba que no tenía inseguridades por ser gay y que en el futuro se veía trabajando para conseguir drogas y alcohol. Con voz en off, el director le confiesa que sintió una atracción inmediata hacia él y que compartía su nihilismo. Su personaje sería Anhell 69, tal como su instagram, en una historia sobre una ciudad donde los muertos ya no cabían en los cementerios y los fantasmas comenzaban a convivir con los vivos.

Con las imágenes que dejó Najar, Theo Montoya montó el corto de temática LGBTI Son of Sodom (2020), que fue seleccionado en la Competencia de Cortometrajes del Festival de Cannes, cuya exhibición la familia de Camilo intentó impedir argumentando ofensas a su honra, intimidad, memoria e imagen. La Corte Constitucional negó la tutela argumentando que no es posible controlar ni censurar el contenido de una expresión artística, especialmente cuando el tema es de interés público a partir de las redes sociales.

Suicidios y sobredosis en un lugar marcado por el narcotráfico y la persistente figura de Pablo Escobar Gaviria (imaginado por Montoya como el padre de una nación sin referente paterno, dado que su generación fue criada básicamente por mujeres), fueron matando a estos jóvenes "ángeles viviendo en un infierno de deseos" que no eran capaces de responder a la pregunta por los próximos cinco o diez años de su vida. Resultó que hubo un tiempo en que el joven director Theo Montoya asistió a más velorios que a cumpleaños, en una Medellín como ciudad fantasma y un cementerio abierto perdido entre las montañas donde no se puede ver el horizonte.

Una carroza fúnebre iluminada de rojo como la sangre recorre caminos nocturnos, en que el propio Montoya yace muerto al interior de una urna (podría haber sido él, al igual que sus amigos) y su voz asegura que no decidió nacer, que nunca se lo preguntaron y que simplemente fue arrojado al mundo. Anhell69 también cuenta con imágenes históricas de archivo de atentados y bombas en los peores años del conflicto armado interno, de protestas estudiantiles en las calles en que la cámara fue la mejor arma para registrar la represión y las bombas lacrimógenas; dolor y muerte que hoy persisten con la desaparición de jóvenes acribillados en masacres por la policía, cuyos cuerpos no son entregados a sus familiares.

Homenajeando a las figuras fantasmagóricas de ojos rojos de la película de 2010 del director filipino Apichatpong Weerasethakul El tío Boonmee que recuerda sus vidas pasadas, Montoya ubica a estos entes en distintos pasajes de la cinta como presencias de muerte. El director colombiano también cita con esas oscuras imágenes las performances realizadas por madres de Medellín a las que los militares les desaparecieron a sus hijos en la Operación Orión y Mariscal (2002), que ubicaban figuras negras en la colina donde arrojaron los cuerpos de sus familiares a los escombros.

El conductor de la carroza fúnebre que transita en la noche, cuyo rostro se ve reflejado en un espejo rojizo y que compra flores a una niña en la calle (en referencia a su película La vendedora de rosas de 1998), es el reconocido director medellinense Víctor Gaviria, una de sus mayores influencias a quien Montoya le agradece por hacerle pensar que era posible un cine de los no creyentes, de los marginados, de los que no pertenecen a nada, un cine de los que sobran.

Paradojalmente censurada casi en la mitad de las salas colombianas (según indicó el propio Theo Montoya en un saludo desde Bogotá al público en el estreno en Centro Arte Alameda, que apostó por distribuirla en Chile), la película ha recorrido más de 60 festivales internacionales y ha ganado 24 premios de la talla de la Mejor película del Festival Márgenes de España, el Premio de la Crítica en el Festival de Cine Latino de Toulouse en Francia o la Mención Especial del Jurado de la Semana Internacional de la Crítica Cinematográfica en el Festival de Venecia, así como el Premio Verona Film Club Award otorgado a la película más innovadora.

 

Título original: Anhell69. Dirección: Theo Montoya. Guion: Theo Montoya. Fotografía: Theo Montoya. Montaje: Theo Montoya, Delia Oniga, Matthieu Taponier. Reparto: Camilo Najar, Sergio Pérez, Juan Pérez, Alejandro Hincapié, Julian David Moncada, Camilo Machado, Víctor Gaviria, Alejandro Mendigana. Año: 2022. Duración: 75 min. País: Colombia-Rumania-Francia-Alemania. Año: 2022. Duración: 75 min.